Entre el amor y el vértigo
Hay amores que llegan despacio y otros que irrumpen como una descarga. Entre romanticismo, deseo, noches intensas y relaciones que escapan de lo convencional, descubro una parte de mí donde la ternura puede convivir perfectamente con el exceso.
Yahvexill
8/13/20263 min read


Entre el amor y el vértigo
Siempre he tenido una forma romántica de mirar las relaciones. Me atraen los pequeños gestos, las conversaciones que se alargan sin mirar la hora, la tensión de una mirada que dice más de lo que debería y esa sensación extraña de empezar a reconocer a alguien incluso antes de conocerlo por completo. Pero el amor no siempre llega vestido de calma. A veces entra con música alta, luces de neón, cuerpos moviéndose entre sombras y una energía tan intensa que convierte una noche cualquiera en un recuerdo imposible de olvidar.
De ese contraste nace parte de “My Fan”. La historia no parte de una relación convencional ni intenta parecerlo. Hay una bailarina, una atracción que rompe rápidamente la distancia entre dos desconocidos y una amiga que termina formando parte de una noche donde los límites comienzan a desaparecer. Podría haber sido simplemente una historia provocadora, pero lo que realmente me interesa es todo lo que ocurre alrededor del deseo: la curiosidad, la adrenalina, la conexión, el peligro de dejarse llevar y ese instante en el que uno deja de preguntarse qué debería hacer y simplemente empieza a sentir.
Porque también existe esa versión de mí. La que puede pasar de escribir sobre una mirada romántica a dejarse arrastrar por algo completamente sensual. La que disfruta del misterio de conquistar lentamente, pero también de esa intensidad casi irracional que aparece cuando la química entre dos personas —o incluso entre varias— transforma el ambiente y hace que todo parezca posible.
Quizás por eso me interesa tanto escribir sobre el amor. Nunca lo he visto como algo limpio, perfecto o fácil de explicar. Puede ser dulce y egoísta, espiritual y carnal, tranquilo y frenético. Puedes querer abrazar a alguien durante horas y, al mismo tiempo, sentir un deseo capaz de destruir toda prudencia. Una emoción no necesariamente cancela a la otra. A veces precisamente esa contradicción es lo que vuelve inolvidable una conexión.
La sensualidad también puede tener romanticismo. Puede existir belleza en una habitación iluminada tenuemente, en una canción sonando mientras dos personas se acercan, en la confianza que permite perder la vergüenza o en ese segundo antes de hacer algo que sabes que recordarás durante mucho tiempo. No todo deseo tiene que estar vacío de sentimientos, igual que no todo sentimiento necesita ser inocente.
Y después llega la nostalgia. Porque incluso las noches más intensas terminan. La música se apaga, las luces desaparecen y lo que queda son imágenes fragmentadas: una mirada, un perfume, una frase, una habitación, una persona alejándose. Es extraño cómo algo que fue completamente físico puede terminar convirtiéndose en un recuerdo emocional. Quizás ahí comienza otra forma de amor: cuando alguien ya no está frente a ti, pero continúa existiendo dentro de tu memoria.
Eso es lo que quiero explorar con mis canciones. No solamente el amor bonito ni solamente la sensualidad. Me interesa ese territorio donde ambos mundos chocan. Donde alguien puede ser profundamente romántico y, minutos después, dejarse llevar por una parte mucho más impulsiva, atrevida y alocada de sí mismo.
“My Fan” representa una de esas noches. Pero detrás de ella existe una idea mucho más grande: todos tenemos versiones distintas de nosotros mismos esperando el momento adecuado para aparecer. A veces una persona, una canción o una noche son suficientes para descubrirlas.
Quizás amar también consiste en eso: encontrar a alguien capaz de conocer nuestra ternura sin asustarse de nuestro deseo, y nuestro deseo sin olvidar que detrás sigue existiendo un corazón.
